Pensamientos en el camino, pensamientos al caminar, en el trabajo, en los paseos, al amanecer o al acostarme. Pensamientos en todo caso, personales, sin pretensiones universales. Un pequeño compartir desde mi subjetividad
sábado, 15 de octubre de 2016
jueves, 1 de septiembre de 2016
Eché la vista atrás
Eché la vista atrás y ví que mi vida estaba más llena de lo que pensaba.
Había vivido. Me había equivocado. Había acertado.
Desde la altura de mis 46 años, con vértigo, comencé a alimentarme también de mi pasado.
Había vivido como tocaba, hacia delante.
El tiempo era posibilidad. Mi vida era posibilidad.
Poco a poco, mi mirada cambió.
El tiempo comenzó a presentarse como límite.
Pero mi pasado estaba bastante lleno. La mochila tenía buenas provisiones.
No se trataba de vivir sólo del pasado, pero sí de disfrutarlo como un recuerdo entrañable.
Mi infancia se presentó emocionante, expectante, ilusionada.
El despertar, el descubrir, la primera vez de tantos juegos y hallazgos.
Los innumerables mundos imaginarios discurridos y transitados.
Mi adolescencia plena y exultante. Equivocada, trastabillada, torpe y también luminosa.
Mi juventud atrevida e inquisitiva.
Puedo decir que lo mejor es que, en general, me atreví. Me atreví a caminar caminos imprevistos. Los grandes viajes por Europa con la mochila al hombro y con los amigos como único ancla con el mundo. Mi camino junto a Dios, a fondo perdido y por donde Él dijera. Mi camino sobre unos imprevistos escenarios de teatro. Mi camino en soledad acompañada....
Y lo mejor es que todo lo hice a fondo. Viajar, amar, rezar, pensar, estudiar, actuar, vivir....
Me arrepiento de muchas cosas, muchas cosas las hice mal, pero era mi vida y la había vivido honestamente, pensado que cada paso era el mejor y el correcto a dar.
Y ahora, en algún momento del apasionante presente, con la obligación de vivirlo con la misma intensidad que el pasado, se cuela algún recuerdo amigable.
Y este presente también se convertirá en pasado en un instante y se convertirá en mochila de la que disfrutar en el futuro.
Había vivido. Me había equivocado. Había acertado.
Desde la altura de mis 46 años, con vértigo, comencé a alimentarme también de mi pasado.
Había vivido como tocaba, hacia delante.
El tiempo era posibilidad. Mi vida era posibilidad.
Poco a poco, mi mirada cambió.
El tiempo comenzó a presentarse como límite.
Pero mi pasado estaba bastante lleno. La mochila tenía buenas provisiones.
No se trataba de vivir sólo del pasado, pero sí de disfrutarlo como un recuerdo entrañable.
Mi infancia se presentó emocionante, expectante, ilusionada.
El despertar, el descubrir, la primera vez de tantos juegos y hallazgos.
Los innumerables mundos imaginarios discurridos y transitados.
Mi adolescencia plena y exultante. Equivocada, trastabillada, torpe y también luminosa.
Mi juventud atrevida e inquisitiva.
Puedo decir que lo mejor es que, en general, me atreví. Me atreví a caminar caminos imprevistos. Los grandes viajes por Europa con la mochila al hombro y con los amigos como único ancla con el mundo. Mi camino junto a Dios, a fondo perdido y por donde Él dijera. Mi camino sobre unos imprevistos escenarios de teatro. Mi camino en soledad acompañada....
Y lo mejor es que todo lo hice a fondo. Viajar, amar, rezar, pensar, estudiar, actuar, vivir....
Me arrepiento de muchas cosas, muchas cosas las hice mal, pero era mi vida y la había vivido honestamente, pensado que cada paso era el mejor y el correcto a dar.
Y ahora, en algún momento del apasionante presente, con la obligación de vivirlo con la misma intensidad que el pasado, se cuela algún recuerdo amigable.
Y este presente también se convertirá en pasado en un instante y se convertirá en mochila de la que disfrutar en el futuro.
domingo, 29 de mayo de 2016
Máximos y mínimos
Necesitamos una economía de ingresos máximos porque vivimos en en una economía basada en el gasto máximo.
Si nuestro gasto fuera mínimo, nuestros ingresos bastaría con que fueran mínimos.
Esto también sucede a nivel planetario.
Los gastos máximos generan consumo de recursos naturales máximos en una espiral absurda.
lunes, 23 de mayo de 2016
Presente
En el presente, en la vivencia del presente y en la aceptación del presente, no hay sufrimiento.
Sólo hay instante y vivencia.
El sufrimiento viene cuando nos evadimos del presente y rechazamos nuestro presente, nuestra vida, nuestros acontecimientos. Cuando nuestro deseo nos hace añorar algo diferente.
No hay sufrimiento en romperte una pierna. Hay dolor físico. Pero si lo aceptas, no hay sufrimiento.
El sufrimiento surge cuando te lamentas haberte roto la pierna, cuando deseas no haberte roto la pierna. Deseas algo diferente a tu realidad, y eso se convierte en sufrimiento.
La consecuencia de vivir el presente y aceptarlo, sin desear algo diferente, es La Paz y la felicidad.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Reacciones
Si respondes al odio, al rencor, a la violencia, con odio, rencor y violencia, tu vida se llenará de odio, rencor y de violencia y entrarás en la oscuridad y el abismo.
Si respondes a todo ello con amor, tu vida se llenará de amor y entrarás en la felicidad y en la luz.
jueves, 26 de noviembre de 2015
Posesiones
El momento en el que tus posesiones san más importantes que tú mismo, ese día tu identidad se habrá resquebrajado.
El día en el que el modelo de tu coche, la marca de tu ropa o el tipo de tarjeta de crédito sean más importantes que tú mismo, el mundo te habrá conquistado.
Y como somos débiles y poca cosa, lo mejor es tener pocas cosas y poco importantes.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
martes, 10 de noviembre de 2015
El miedo
El miedo es el muro entre tú y tus objetivos, entre tú y tu crecimiento.
El temerario intenta vencer al miedo mediante el ímpetu.
El sabio acepta su mirada, lo conoce y lo asume y lo vence desde la comprensión.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Las sonrisas tienen superpoderes
Las sonrisas tienen superpoderes.
Si te enfrentas a un problema con el ceño fruncido, el enfado a hombros y el pesimismo de compañía, el tamaño del problema parece enoooorme.
Sin embargo, si lo atacas con una sonrisa franca, que vaya de hombro a hombro, de pronto, el tamaño del problema se reduce a una talla muy pequeña, que en realidad se parece mas al tamaño real que el problema tenía.
Los hilos de la vida
La vida está hecha de hilos y madejas. Con esos hilos, una persona puede construir una cuerda que será un látigo. Y otra persona, con esos mismos hilos, puede construir una manta que será abrigo y será acogida. Y aunque no se le vea, Dios es la inspiración y la fuerza que permitirá hacer la manta.
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